Rafael Correa
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sábado, 7 de abril de 2018

Cristina Kirchner conversando con Correa.



Cristina Fernández de Kirchner (Presidenta argentina entre 2007 y 2015) es recibida como invitada en el programa televisivo de Rafael Correa (Presidente ecuatoriano 2007-2017), en abril de 2018.

Es de notar como ambos lideres muestran sus cartas y credenciales de pensamiento ante una opinión pública que, en su gran mayoría, no está educada para entender el grado de problemática expuesto. En ese marco nos sorprende la capacidad de Cristina Kirchner menos para enunciar o explicar que para callar. Así y todo, con toda esa verborragia de pretensiones docentes, es alarmante lo que Cristina calla y admirable el cuidado en no correr un centímetro su discurso de la arena política.

sábado, 14 de mayo de 2016

El manual del golpe blando y su aplicación en el Ecuador.


El politólogo Gene Sharp había fundado en la década de los ochentas la Fundación Albert Einstein, una organización cuyo único objetivo era “democratizar el mundo” a través de la desobediencia civil en gobiernos dictatoriales. Con este mandato aparentemente altruista, el gobierno de Estados Unidos emprendió un plan para desestabilizar a gobiernos post soviéticos en Europa oriental que no obedecían a las políticas norteamericanas a partir de este siglo. La estrategia consiste en el “golpe blando”, ya que los golpes tradicionales ahora están obsoletos.
Pero fuera de esta aberración neocolonialista que implica la arrogante atribución que se concede un país para determinar qué gobierno es o no democrático; lo que llama la atención es el contenido del manual y sus diferentes estrategias, que no solo se han puesto en práctica en países como Georgia (2003), Ucrania (2004) o Kirguistán (2005), sino que también tienen asidero en América Latina. En efecto, los gobiernos de Venezuela, Brasil y Argentina han sufrido ataques sistemáticos que tienen una particular similitud con los golpes blandos de Europa oriental. ¿Coincidencia?
En Ecuador se viene hablando de “golpe suave” desde hace más de un año. Con el pasar de los días, esta estrategia se hace cada vez más evidente, como un recurso desesperado de la oposición. Una oposición que se ha visto fácilmente neutralizada por su falta de propuestas coherentes, y que ahora recurre a la violencia y al libreto de Gene Sharp para intentar instalarse en el poder.
En primer lugar está el ablandamiento, a través de opiniones negativas y rumores para fabricar un malestar generalizado. Una estrategia de guerra psicológica. Como siempre, hay algunos opositores que se escudan en el derecho al disenso que siempre tiene que haber en una democracia para imponer un clima de malestar. Claro, es disenso opinar que el Ecuador “está sumido en una crisis económica”, algo que repiten muchos analistas de oposiciónpero no es legítimo decirlo cuando hay toneladas de información de fuentes institucionales mucho más confiables (ONU, el mismo FMI) que afirman exactamente lo contrario sobre el crecimiento económico del país. Pero incluso es más deplorable que los medios traten de escudarse en este derecho para ocultar y deslegitimar sistemáticamente los evidentes logros del Gobierno.
¿Acaso alguna vez se ha visto en Teleamazonas o Ecuavisa la cobertura de al menos una de las 36 unidades educativas del milenio, al menos uno de los 13 centros de salud, alguno de los 70 CIBVs o demás obras públicas que se han inaugurado? Para ellos, es más importante cubrir en directo los insultos del alcalde de Guayaquil en su marcha comprada del pasado 25 de junio. Como vemos, el descarado apoyo que da la prensa a la oposición política en su agenda es un buen indicio para constatar esta estrategia golpista.
Por otro lado está la deslegitimación del Gobierno, con acusaciones de falta de libertad de expresión y presuntas violaciones a los derechos humanos, lo que les lleva a afirmar que el Gobierno es “dictatorial”. La oposición tiene el legítimo derecho de decir que este gobierno es una dictadura a pesar de lo ridículo que resulta escucharlo, porque olvidaron a propósito las 8 victorias electorales consecutivas del partido de gobierno, o el 65% de apoyo popular que tiene la gestión del Presidente Rafael Correa, según las últimas encuestas. Y tienen todo el derecho de opinar que no se respeta los derechos humanos ni la libertad de prensa, porque no les gusta la reacción del Gobierno ante sus críticas, la mayoría absurdas. La prensa privada sigue cayendo en la risible paradoja de quejarse por todo lo alto por una libertad de expresión que nunca ha dejado de tener.
Luego de esto viene el calentamiento de las calles, acentuando la sensación de caos y malestar generalizado, lo que no excluye los pasos anteriores. Prueba de ello fueron las protestas por las leyes de herencias y plusvalía, que según sus hipócritas criterios, fueron “espontáneas”, “pacíficas”, donde se escuchó “el clamor popular de la ciudadanía” porque supuestamente no estuvo presente ningún líder político, y ante todo porque sólo buscaban expresar un legítimo descontento, no tumbar al Gobierno. Sí claro. Gritaron “fuera Correa fuera” pero en realidad no querían deponer al Presidente. El grupo de “líderes de opinión” en Twitter crearon tendencias por dos semanas pregonando un cambio de gobierno, pero ahora desestiman los miles de tweets alusivos a un golpe de Estado de personas como Carlos Vera o Emilio Palacio, quienes solo tienen popularidad en esta red social. El nivel de cinismo al que han llegado es descomunal.
La cuarta etapa es la desestabilización, una combinación de los pasos anteriores. Esto se hizo evidente a través de rumores cada vez más extremos e ilógicos, como la presunta desdolarización, el anuncio de un feriado bancario o que las Fuerzas Armadas le han quitado el apoyo al Presidente. Y como son solamente rumores, es muy difícil encontrar a los responsables por esta manipulación masiva. Aquí ya no cuenta la voluntad de diálogo que se pueda incentivar desde el Estado o desde la sociedad civil, aquí solamente se trata de inducir a la violencia para derrocar al Gobierno. Pero a la oposición no le gusta denominarse como golpista, sería mejor atribuirse una lucha por “democratizar el país”, así suena mejor, como las benévolas palabras de Gene Sharp. Cuántas mentiras y rumores, cuántos insultos se dicen en nombre de la democracia.
La sociedad se encuentra en un debate crucial para entender su futuro. Los que se han apostado a las calles estos últimos días en busca de la “caída del tirano”, guardan con cierta añoranza los recuerdos de los años más fatídicos del país, donde un Bucaram, un Mahuad o un Gutiérrez huían de Carondelet por su absoluta ineptitud, su corrupción y sus transgresiones a la ley. Pero no entienden que las cosas han cambiado. Porque después de 8 años del gobierno más estable que ha visto el Ecuador desde el retorno a la democracia en 1979, la ciudadanía ha aprendido a confiar en un proyecto político empeñado en cumplir las reivindicaciones históricas en favor de los más desposeídos.

Latinoamérica objetivo de los golpes blandos.


(Publicación del 22 de agosto de 2015) - Frente a la integración de América Latina aparece una nueva táctica para derrocar a los gobiernos progresistas: los golpes blandos, una estrategia escurridiza de la derecha internacional para tratar de alcanzar los mismos objetivos de los derrocamientos ilegítimos, ejecutados en décadas pasadas por militares entrenados por Estados Unidos en la Escuela de las Américas en Panamá.

Hoy la izquierda latinoamericana está en el blanco de estos golpes blandos, que buscan tumbar a sus presidentes democráticos con campañas mediáticas basadas en mentiras y medias verdades, que incitan al descontento social, la deslegitimación política, provocando la violencia en las calles, ataques a la economía, guerras psicológicas, paros y otras acciones desestabilizadoras.

Una política de desgaste de la voluntad popular que tiene como fin último la fractura institucional que permita un Golpe de Estado.

Teoría del Golpe Blando

"La naturaleza de la guerra en el siglo XXI ha cambiado (...) Nosotros combatimos con armas psicológicas, sociales, económicas y políticas", dijo el politólogo estadounidense, Gene Sharp, quien lo definió como una estrategia de “acción no violenta”, que no recurre a la fuerza bruta para hacerse con el poder. Sharp asegura que “en los Gobiernos, si el sujeto no obedece los líderes no tiene poder. Éstas son las armas que en la actualidad se usan para derrocar gobiernos sin tener que recurrir a las armas convencionales”.

Para el estadounidense, la “guerra cuerpo a cuerpo” no es eficaz y además, implica enormes costos económicos y de movilización. De esta manera, operaciones militares costosas como las de Estados Unidos en países como Irak y Afganistán, que se han mantenido por más de una década, no son rentables en América Latina.

Por ello, Sharp describe en su obra “De la dictadura a la democracia”, publicada en 1993, unos 198 métodos para el debilitamiento gubernamental, todo bajo una irreal condición de legalidad.



Para el periodista Luis Bruschtein, se trata de revestir “a una minoría en mayoría, amplificar sus reclamos, crispar las controversias y enfrentamientos y desgastar a la verdadera mayoría que gobierna, hasta hacerla caer por medio de la farsa judicial” o parlamentaria para forzar una intervención extrajera”.

Podría decirse que entre los primeros antecedentes de este tipo de golpe está el que se dio en Venezuela contra el presidente Hugo Chávez en 2002 y en Ecuador contra Rafael Correa en 2010. A estos intentos se suman los sí concretados contra las gestiones de José Manuel Zelaya en Honduras en 2009 y Fernando Lugo en Paraguay en 2012.



América Latina es el blanco

Las gestiones latinoamericanas siguen bajo el acecho de las potencias que pretender reapoderarse, especialmente, de los recursos en Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador y El Salvador, naciones declaradas abiertamente antiimperialistas, defensoras de su soberanía y empeñadas en proteger los derechos de los pueblos por encima del capital.

El analista de política internacional, Jorge Kreynes, explicó que las acciones desestabilizadoras que se han presentado en la región suramericana son pruebas contundentes de que existe una política de golpes blandos bajo el mandato de Washington, para afectar a los gobiernos progresistas.

Así lo han denunciado sus líderes frente a la arremetida desestabilizadora que mantiene a América Latina en el blanco de los ataques.

Ecuador en la mira

Desde Ecuador, Correa aseguró que se trata de “una estrategia nacional y continental que va a continuar. Es lo mismo que le han hecho a Dilma Rousseff, a Cristina Fernández, a Nicolás Maduro y ahora a Evo Morales. Es la estrategia del golpe blando a los gobiernos progresistas de América Latina”.

El mandatario ha advertido que las élites latinoamericanas “ya no están dispersas”, al contrario, están articuladas nacional e internacionalmente y con “la descarada complicidad de la prensa”, por lo que invitó a no subestimar a los adversarios.

Desde junio, sectores minoritarios han organizado protestas en el país, especialmente en Quito y Guayaquil, para intentar desestabilizar al Gobierno de Ecuador y las cuales han terminado en su mayoría en violencia.

Ante este escenario, Correa ha llamado varias veces al diálogo nacional para debatir sobre la equidad, distribución de la riqueza y los beneficios que tendría la aprobación de las leyes de Herencia y Plusvalía al pueblo ecuatoriano. Sin embargo, la ultraderecha rechazó la propuesta y continuó con sus planes, pretendiendo ganar protagonismo con el apoyo de los medios de comunicación.

Brasil frente a la desestabilización

En Brasil, comienza a ser evidente la aplicación de este método, luego de que la oposición brasileña promoviera marchas para exigir la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, utilizando como excusa el escándalo de corrupción de la petrolera Petrobras, que de acuerdo con autoridades de este país movilizó en términos de lavado de dinero y sobrefacturación unos 10 mil millones de reales (tres mil 850 millones de dólares) en obras y contratos.

La mandataria pidió castigar a los responsables de este delito, afirmando que en Brasil “no hay intocables”. Por ello, más de 30 legisladores del Senado y la Cámara están siendo investigados, mientras que Rousseff fue descartada como implicada por falta de evidencia, según informó el Supremo Tribunal Federal (STF).

Nuevamente, la oposición es aupada por los grandes consorcios comunicacionales en ese país y desconociendo la decisión del STF continúan con las protestas, que se tornan violentas también. Ejemplo de ello es la serie de ataques coordinados ocurridos en agosto en la región oeste de Grande Sao Paulo, en Brasil, que dejó 19 muertos y siete personas heridas.

Sumando reclamos que, de acuerdo con el analista Beto Almeida, no responden a “la verdadera realidad” de Brasil, sino que sólo piden la interrupción de Gobierno de la Presidenta.

Almeida precisó que en estas protestas predomina la clase media y alta de la sociedad brasileña; no se observa participación de sectores humildes, de la juventud ni de la población afrodescendiente. Precisó que estas marchas buscan debilitar una gestión constitucional, para interrumpir el periodo de Rousseff por ser una gestión de izquierda que choca con los intereses de las grandes élites.

“Si no respetas el resultado de los votos y del pueblo no puedes entrar en el juego”, sentenció Rousseff, quien ha recibido el respaldo del pueblo brasileño concentrado en el país para exigir respeto a su gestión y a la democracia.

Revolución indígena de Evo atacada por la derecha

Entretanto, desde Bolivia, el presidente Evo Morales, aseguró que “la derecha imperialista quiere desarticular los procesos revolucionarios en Latinoamérica, pero nosotros lucharemos y apoyaremos incondicionalmente a los gobiernos de Brasil, Ecuador, Uruguay, Venezuela, Cuba y a todos los que abogamos por la paz, solidaridad y bienestar de nuestros pueblos”.

En esta nación, el Comité Cívico Potosínista (Comcipo) ha llevado a cabo protestas que siguen el guión violento, sin propuestas y argumentos. Así esta organización se une a la lista de los llamados comités cívicos, que en el contexto boliviano, son utilizados por la derecha para bloquear la gestión progresista del mandatario Evo Morales, que ha respondido ante el Comcipo, con el diálogo para resolver los conflictos y atender sus demandas.

No obstante, el boliviano también advierte sobre la necesidad de crear una estructura de defensa ante este método, que amenaza a la región.

“El nuevo rol de las fuerzas armadas debe ser prepararnos a esos llamados golpes suaves del imperialismo norteamericano, porque todavía nos amenazan a los países que nos hemos liberado económicamente”, sentenció el jefe de Estado boliviano.

Venezuela ante Guarimbas y guerra económica

Por su parte, el jefe de Estado venezolano, Nicolás Maduro, ha tenido que enfrentarse a una guerra económica y a las constantes protestas violentas, entre ellas, las llamadas “Guarimbas”, que dejaron decenas de muertos y centenares de heridos en 2014.

"El poder imperial está intacto y, el poder imperial – así lo creo – ha desarrollado una ofensiva porque ellos creen que pueden revertir los procesos de cambio, progresistas y revolucionarios de América Latina y El Caribe", alertó el mandatario al evaluar las coincidencias que se dan en los demás países latinoamericanos.



Buitres atentan contra estabilidad en Argentina

Estos hechos se replican en Argentina, donde la mandataria Cristina Fernández, enfrenta un golpe blando ejecutado por la derecha y el Poder Judicial en ese país, sobre todo, por la denuncia que hizo el fallecido fiscal Alberto Nisman y que retomó su colega Gerardo Pollicita, por el supuesto encubrimiento de Irán en el atentado contra la Asociación Mutual Israelita (AMIA), la cual ha sido considerada como una estrategia activa de desestabilización.

En enero de 2008, el jefe de Gabinete argentino, Jorge Capitanich aseguró que el objetivo es “generar es estrépito social”.

Planes golpistas detrás de paro de transporte en El Salvador

En centroamérica, el mandatario de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén ha tenido que enfrentarse también a los peligros de estos ataques, que se mostraron a través de un paro del transporte público obligado por la pandilla “Maras”, insubordinaciones e intento de protestas de un pequeño grupo de soldados.

El llamado a crear una Comisión Internacional Contra la Impunidad y las medidas de la Sala de lo Constitucional contra las finanzas del Gobierno y otras acciones, según el secretario general del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), Medardo González, forman parte de ese objetivo desestabilizador.

Sánchez Cerén apuntó que el partido de derecha Alianza Republicana Nacionalista (Arena) “mantiene una campaña difamatoria y de mentiras para poder volver al Gobierno, y enriquecer a unos pocos”.

Estos casos de manifestaciones, violencia, manipulación mediática y guerra económica en países latinoamericanos de izquierda demuestran la debilidad de liderazgo de la derecha opositora, que se organiza sólo para crear el mismo plan de acción desestabilizador en naciones donde la igualdad, la justicia social y la inclusión están por encima del capitalismo y las prácticas neoliberales.

FUENTE: TELESUR
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