viernes, 23 de diciembre de 2016

Golpes blandos en AMérica Latina.


El golpe parlamentario que terminó con el gobierno de Dilma Rousseff es el eslabón más reciente de una serie de golpes blandos que empezó con el derrocamiento del presidente de Honduras, Mel Zelaya, en el 2009, y siguió con el de Paraguay, Fernando Lugo, en 2014.

La secuencia, a medida que avanza, va creciendo en su maquillaje y su sofisticación. Empieza en Honduras con un golpe rudimentario, al principio casi de manual, pero con una parodia de legalidad. Sigue con un juicio político express en Paraguay sin pruebas contra el presidente y violando su derecho de defensa y culmina en Brasil con un proceso tan legal como ilegítimo y carente de fundamentos jurídicos.

La secuencia, además, arranca en la periferia de la región, donde Estados Unidos continúa siendo la fuerza hegemónica, y llega hasta el corazón mismo de Sudamérica y principal potencia regional, que es Brasil, pasando como escala intermedia por un país sudamericano y socio del Mercosur como Paraguay, parte del grupo de países sudamericanos que formó un bloque relativamente autónomo en la década pasada y empezó a aplicar mecanismos propios para resolver sus conflictos.

A principios de la década pasada, las nuevas instituciones regionales como Mercosur y especialmente Unasur habían servido para evitar la interrupción de regímenes democráticos en Ecuador y Bolivia, y resolver conflictos bilaterales como Colombia-Venezuela, Colombia-Ecuador o Bolivia-Chile, desacuerdos todos ellos que en tiempos de guerra fría habrían tenido a Estados Unidos como protagonista principal y árbitro eventual.

Pero la distracción de Washington con las guerras en Medio Oriente, y la aparición de China como principal socio comercial, junto a la coincidencia de un grupo de gobernantes carismáticos de similar signo político, comprometidos con la integración regional, consiguió romper la hegemonía del Consenso de Washington a nivel sudamericano.

Mientras en México, Centroamérica y el Caribe, a pesar de puentes tendidos a través de organismos que excluyen a Estados Unidos y Canadá como la Celac, por su nivel de integración con la potencia del norte tanto a nivel de tratados de libre comercio como en temas migratorios y de remesas, la dependencia sigue siendo casi absoluta, lo cual impide su participación en otros proyectos de integración. Este límite se vio en el golpe de Honduras.

Zelaya fue sacado de su cama en pijamas por una patota del comandante del estado mayor, Romeo Vázquez. Lo llevaron a una base militar estadounidense, lo subieron a otro avión y lo echaron del país. A la mañana siguiente, en una sesión legislativa asumió un títere civil del comandante, el presidente del Congreso, Roberto Micheletti, y los militares decretaron el estado de sitio y una serie de medidas de control social de corte autoritario. Según cables del Departamento de Estado estadounidenses revelados por Wikileaks, Estados Unidos no apoyó el golpe y hasta intentó de disuadir a sus autores, aunque Zelaya no era de su agrado. De hecho, Estados Unidos acompañó al resto de los países de la OEA en su condena al día siguiente de que ocurrió. Pero apenas horas después Estados Unidos, a contramano de Latinoamérica, empezó a apoyar la transición del gobierno golpista hacia unas rápidas elecciones, aprovechando que Zelaya estaba en el final de su mandato. Mientras tanto, envalentonados por sus éxitos en Sudamérica, Brasil y Argentina apostaron fuerte al regreso de Zelaya, con Cristina Kirchner acompañando al presidente legítimo en un fallido intento de regreso y Lula dándole asilo en la embajada brasileña de Tegucigalpa una vez que el regreso no pudo concretarse. Con su apoyo a la transición del gobierno golpista, Estados Unidos marcó un límite a la expansión del bloque sudamericano sin romper sus políticas de Estado de no invadir más después del desembarco los Marines en Panamá en 1989, y de no apoyar más golpes, al menos abiertamente, desde el fallido putch contra Chávez en 2002.

Así llegamos al segundo golpe blando contra un gobierno progresista por parte de una elite financiera y política malacostumbrada a perpetuarse en el poder a como dé lugar. Esta vez le tocó al ex obispo Fernando Lugo, otro personaje que no era del agrado de los Estados Unidos, entre otras cosas, Wikileaks dixit, porque reemplazó una unidad antiterrorista estadounidense dedicada a entrenar tropas de elite paraguayas, por asesores militares de Argentina y Brasil. Lugo no era un político tradicional ni era particularmente hábil a la hora de negociar. Sin apoyos en el Congreso, abandonado por sus socios del Partido Liberal, traicionado por su vice Federico Franco, quedó a la merced de la elite golpista, acostumbrada a décadas ininterrumpidas de gobierno de la mano del general Alfredo Stroessner y su Partido Colorado. La oportunidad llegó tras la conmioción social causada por la llamada masacre de Curuguaty, en la que fallecieron once campesinos y seis policías en una estancia sojera en el este del país. Si bien la violencia venía desde hace tiempo y quizá nadie había hecho más para mediar en el conflicto entre campesinos y terratenientes que el propio Lugo, el Congreso decidió destituirlo por su “responsabilidad política” en el enfrentamiento. El juicio duró menos de 48 horas y Lugo tuvo menos de dos para defenderse. A falta de pruebas reales, fue destituido por el voto de 215 de los 225 congresistas paraguayos después de que la Corte Suprema rechazara un pedido de aplazar el proceso. La destitución fue condenada por la mayoría de los países de la Unasur pero, a diferencia del golpe blando hondureño, una moción de censura en la OEA apenas alcanzó 8 votos a favor y 28 en contra. Unasur mandó a una delegación de cancilleres que al término de su misión emitió un documento crítico, los países bolivarianos del ALBA no reconocieron al gobierno de facto de Franco y el Mercosur suspendió la membresía de Paraguay hasta las elecciones, nueve meses después del golpe, que llevaron al gobierno al colorado Horacio Cartes.

Ahora llegó el golpe en contra de Dilma. Esta vez se respetaron los tiempos y rituales que marca la formalidad, en un proceso parlamentario que fue supervisado in situ por el presidente de la Corte Suprema. Pero nuevamente se trata de una interrupción del régimen democrático para imponer un gobierno de facto de una elite nostálgica de poder, a través de mecanismos constitucionales previstos para sancionar acciones criminales a pesar de que no se acusa a la presidenta de haber cometido crimen alguno, aprovechando el mal humor social por una prolongada recesión y un persistente escándalo de corrupción que involucra a muchos de los pincipales empresarios y dirigentes políticos del país, pero no a Dilma.

Siguiendo con la progresión de condena total en el caso hondureño y condena parcial en el caso paraguayo, esta vez las voces de protesta a nivel regional son más la excepción que la regla, atento al vuelco a la derecha que está dando Sudamérica. A diferencia de lo que pasó en Honduras pero en sintonía con lo que pasó en Paraguay, en el caso brasileño Washington se mantiene cauto, distante y prescindente, como aceptando la nueva realidad geopolítica de su pérdida de hegemonía. Sin embargo, atenta a los múltiples intereses que aún posee en la región, así como a su alianza tradicional con los factores de poder que quedaron del lado de los golpistas o directamente operaron para erosionar las fuerzas democráticas especulando con la posibilidad de recapturar ganancias extraordinarias, la administración de Barack Obama no tardó en reconocer la legalidad de los gobiernos surgidos de estos procesos. No es lo mismo que invadir un país, pero no deja de ser una intervención negativa.

Así quedaron las cosas después del golpe blando en Brasil. A la espera de otros eslabones en esta nueva cadena de intervenciones antidemocráticas, a menos que el joven bloque regional sudamericano genere mecanismos defensivos que le permitan preservar lo que queda en pie y regenerar lo que hace falta en términos de cultura democrática, tanto en los países amenazados por esta nueva tendencia como en aquellos que ya optaron por salidas autoritarias para sus crisis de gobernabilidad.

Santiago O´Donell, Página 12, 01.09.2016.

domingo, 24 de julio de 2016

Dilma Rousseff: “Hay un nuevo paradigma golpista pseudoinstitucional”


ENTREVISTA A DILMA ROUSSEFF, PRESIDENTE LEGITIMA DE BRASIL, SUSPENDIDA POR LA CAMARA DE DIPUTADOS MIENTRAS TRAMITA SU JUICIO POLITICO

Tres campesinas trabajan codo a codo en el cuadro Recogiendo café ubicado detrás de Dilma Rousseff que acaba de sentarse en un sillón mullido en un amplio salón del Palacio de Alvorada. Afable, la presidenta saluda sin protocolos y se arremanga el blazer de lino gris con el gesto de quien dice “manos a la obra”. Es ella quien comienza con las preguntas. Está interesada en saber que pasa en Argentina, quiere conocer detalles sobre los festejos del bicentenario de la Independencia, la visita del rey de España, el aumento de las tarifas de energía. Escucha con atención y luego indaga sobre YPF, Vaca Muerta, jueces y Mauricio Macri. Cuenta que espera poder viajar “en algún momento a La Plata” para recibir el premio Rodolofo Walsh de la Facultad de Periodismo.

Antes del inicio de la entrevista de 72 minutos la presidenta, suspendida del cargo mientras se lleva adelante el “impeachemnt”, repasa informalmente algunas anécdotas diplomáticas. Recuerda una cumbre del G-20 donde al ex premier británico David Camerón “se lo veía algo asustado” y evitaba pasar cerca de Cristina Fernandez, temiendo que ella volviera a plantearla su reclamo sobre Malvinas “que Brasil siempre apoyó”.

Ya es casi mediodía, el sol domina por completo la “Sala del Estado” avivando los rojos y amarillos de un tapiz del artista chileno Kennedy Bahia. ¿Podemos empezar a grabar, Presidenta? “Sí, adelante”, responde y autoriza que ingrese el equipo de documentalistas que la sigue a sol y sombra para registrar su pelea para restablecer la normalidad democrática quebrada con “este golpe organizado por un corrupto pertinaz como es el señor Eduardo Cunha (ex jefe de diputados) , que es la persona que realmente manda en el gobierno interino de (Michel) Temer”.

Rousseff habla sobre el golpe en gestación contra su gobierno y lo sitúa en el arenero de una América Latina en la que vislumbra estallidos sociales y democracias degradadas. “Considero importante estudiar las raíces de esta nueva forma de golpe que ocurren en América Latina. Lo primero que vemos es el comportamiento de las elites formando alianzas amplias para derrocar a los gobiernos populares a fin de impedir que continúen con sus programas sociales y de impulso al desarrollo. Vemos también que cambió el patrón del golpe. En los años 60 y 70 era el paradigma del golpe militar, con las oligarquías utilizando a las fuerzas armadas para separar del poder a los gobiernos legítimos.

Lo que resulta muy extraño es que este nuevo paradigma golpista procura mantener una apariencia institucional. Estoy hablando de esa modalidad que surgió en Honduras cuando derrocaron al presidente Manuel Zelaya (2009), después vino Paraguay con la caída de Fernando Lugo (2012) y ahora llegó a Brasil, aunque todavía este proceso está en curso. Sin olvidar los intentos desestabilización contra los presidentes Evo Morales y Rafael Correa.”

–Pero los ataques a los líderes populares no son patrimonio de los golpistas, es una modalidad que también aplican los gobiernos conservadores.

–Es cierto, no sé en detalle lo que está ocurriendo en todos los países de América Latina, pero me parece que existe un modelo de ataque a los líderes populares donde se combina un cierto tipo de periodismo de guerra, las filtraciones selectivas de procesos judiciales, jueces que investigan de una forma severa a unos y a otros no. Yo quedé escandalizada al saber que un periodista argentino recientemente dijo que durante el gobierno de Cristina se hizo un “periodismo de guerra”, eso se parece mucho a lo que sucedió contra mi gobierno. Ese ese tipo de periodismo es la antítesis de la democracia. Son casos con varias similitudes los que vemos en Brasil y Argentina. Vemos como se usa el combate a la corrupción como un instrumento de acción ideológico y político. Acá vemos como se ataca permanentemente al presidente Lula, atribuyéndole cosas, acusaciones, que no corresponden con la realidad, y posiblemente esté ocurriendo lo mismo en Argentina con la presidenta Cristina, por quien tengo un gran respeto, creo que ella es una mujer de garra, ella dejó una gran contribución para América Latina y por su puesto para Argentina. Yo fui testigo de las relaciones de solidaridad que ella estableció con todos los países de continente, de su trabajo a favor de Unasur, del Mercosur y la Celac.

–Funcionarios del gobierno interino compararon las manifestaciones con “guerrilla urbana”. ¿Teme represión contra las manifestaciones convocadas durante las Olimpíadas?

–Sería grave si el Ministerio de Justicia o cualquier otro ministerio quisiera criminalizar a las manifestaciones . Yo lamento inmensamente que el ministro de Justicia interino (Alexandre de Moraes) iguale las manifestaciones a una forma de guerrilla urbana, eso compromete a la democracia. Es típico que los procesos golpistas quieran callar las manifestaciones, que los gobiernos que no tienen votos sean intolerantes, los golpistas siempre quieren el silencio. En cambio nosotros jamás criminalizamos las manifestaciones por el impeachment, porque la legitimidad que tiene un gobierno elegido permite escuchar todas las voces y permitir las manifestaciones.

–¿Imagina explosiones en cadena en la región?

– Creo que quienes están apostando en estos golpes en América Latina corren el riesgo de causar una desestabilización profunda. Estos procesos golpistas pueden traer consecuencias imprevisibles donde es probable que haya explosiones sociales, me parece que ni los propios golpistas saben lo que podrá desencadenarse en el futuro, lamentablemente el precio a pagar será muy alto. Usted puede esconder las cosas, pero al final un golpe es un golpe, nadie puede creer que alguien da un golpe y todo queda como estaba, nadie puede suponer que estos procesos ilegítimos no dejarán marcas.

–Un paisaje regional sombrío en un mapa global incierto.

–Vea, lo que está ocurriendo en el mundo con esta globalización que benefició a las grandes empresas oligopólicas mientras originó un retroceso para el conjunto de la población que está padeciendo las consecuencias sin que nadie le ofrezca ninguna compensación.

En Estados Unidos tenemos ciudades inmensas que están hundidas en la decadencia y la pobreza. Es un cuadro tan grave que hasta la propia prensa neoliberal reconoce que es un problema grave que haya una la desigualdad creciente y la concentración llegue al punto donde el 0, 01% de la población que detenta casi el 40 % de la renta. Si las ganancias aumentan por encima del 300% y el salario crece un 10 o 12% durante un período muy largo es algo que nos llevará a conflictos, es inexorable que haya consecuencias graves en un sistema donde la mayoría pierde sus derechos básicos. Estos procesos que se prestan al surgimiento de soluciones raras permiten que aparezcan fenómenos como el de Donald Trump.

–Los salvadores de la patria.

–Lo que ya sabemos es que en todas partes los salvadores de la patria en realidad no hacen más que comprometer la suerte del salvado.

Y no tengo dudas que si todo este proceso de exclusión causa semejante impacto en la economía más desarrollada del mundo que es la de Estados Unidos, estamos frente a un fenómeno que también repercutirá en Brasil, y esa repercusión económica se verá agravada por la crisis política e institucional que tenemos por el golpe.

–¿Estados Unidos avaló el golpe?

–Yo creo que en estos golpes no existen esas interferencias externas tan claras como en los golpes militares, ahora son las propias fuerzas internas las grandes responsables. Las elites de nuestros países no requieren de Estados Unidos.

–¿No hubo ninguna interferencia externa?

–Ahora, si usted me pregunta quienes se benefician con el golpe, le digo que hay varios beneficiarios en diversos grados. Entonces se podría decir que a favor del golpe están aquellos grupos interesados en acceder al control de Petrobras con sus inmensas reservas en el área de pre-sal (aguas ultraprofundas). A favor del golpe pueden estar aquellos que no quieren tener la competencia en el mercado internacional de las grandes empresas constructoras brasileñas. Tenemos que recordar que en los últimos años tuvimos empresas brasileñas que estaban internacionalizándose a un ritmo muy significativo y conquistando espacios. Estoy refiriéndome a la constructora Odebrecht, que participó en la obra de (en el puerto cubano) Mariel, pero también a Odebrecht actuando en Miami, Odebrecht actuando en México, y hay otras empresas con presencia internacional fuerte como podría ser el caso de Andrade Gutiérrez, podemos mencionar empresas brasileñas actuando en en Ecuador. En fin, son varias empresas participando en varias áreas con éxito y esto afecta intereses. Uno puede suponer que algunas competidoras de esas empresas brasileñas que le cité tienen peso político en nuestro país , y podría ser (que tengan participación en el golpe).

Banalidad del mal

Pasaron 13 años desde que Luiz Inácio Lula da Silva llegó al Palacio de Alvorada, la residencia oficial, el 1º de enero de 2003 donde permaneció, reelección mediante, hasta el 31 de diciembre de 2010 cuando fue sucedido por su compañera. Al “Poder”, el que se escribe con mayúsculas y sobrevive a las administraciones presidenciales, siempre le resultó inaceptable tener que soportar la presencia del PT al frente del Estado.

El 12 de mayo pasado, poco después de llegar al Palacio Planalto, sede de la Presidencia, el mandatario interino Michel Temer suprimió las imágenes publicitarias y los esloganes de la era petista para establecer como nuevo lema oficial, el antiguo “Brasil, Orden y Progreso”, que evoca la simbología militar. Y paulatinamente fue desalojando toda la iconografía de la era petista, incluso despidió al mozo que durante años le sirvió café a Dilma y a Lula .

Tal vez Temer todavía no haya quitado los cuadros de mujeres laboriosas del pintor modernista Emiliano di Cavalcanti que Dilma hizo colocar cerca de su despacho, en el tercer piso del Planalto, pero posiblemente lo hará si finalmente es confirmado en el cargo para el que no fue electo.

En su última trinchera, la residencia de Alvorada, Dilma habla de “seguir peleando todos los días con el mismo optimismo” y de su admiración por la pintora surrealista española Remedios Varo, “una luchadora”.

Enciende su tableta para mostrarme pinturas de Varo. “Adoro sus obras, fue una artista ma-ra-vi-llo-sa que peleó por la República en España y después tuvo que asilarse en México, cuando vuelva a México quiero ir alguna de sus exposiciones”.

La conversación retoma lo político, y el impeachment que se tramita en el Senado integrado por 81 legisladores mayoritariamente opositores a la presidenta electa y el PT. Para ser absuelta y volver a su cargo Rousseff necesita contar con el apoyo de 27 congresistas, un número que parece improbable.

–¿Aún es posible vencer en el Senado?

–Creo que acá cabe citar a Antonio Gramsci, que nos decía que tenemos que ser pesimistas desde la razón y optimistas desde la voluntad. Yo soy muy optimista en mi voluntad porque creo que esta lucha es fundamental para Brasil y América Latina y al mismo tiempo hago un análisis realista sobre los pros y los contra de la realidad de cada día.

–¿Está hablando con senadores?

–Sin dudas que hablo con ellos habitualmente, pero no voy a decirle a usted el número de los senadores que hoy por hoy nos apoyan (riendo).

–Políticos y medios de comunicación intentan imponer la idea de que todo ocurre dentro de la ley. ¿Brasil vive una cotidianidad anómala?

–Voy a tomar prestada su definición para describir el momento que vivimos en Brasil, es verdad estamos ante una cotidianeidad anómala donde los que dieron el golpe quieren esconderlo detrás del proceso de impeachment, de la tramitación formal en el Senado y del aparato institucional, con todo su ritual. Lo que estamos viviendo es un cuadro de tranquilidad aparente que tarde o temprano acabará por estallar porque no se puede sostener indefinidamente ese ocultamiento de lo real, y lo real es el golpe. Quien mejor trató de este tipo de fenómenos fue la filósofa Hanna Arendt a través de la idea de la “banalidad del mal”.

No quiero ser exagerada en las comparaciones, pero cuando uno ve como se está encubriendo la realidad con tanta alevosía esto me recuerda otras situaciones más extremas como las que trata Arendt cuando escribe sobre el proceso contra el criminal de guerra nazi Adolf Eichmann . Allí ella nos enseñó como es posible que el mal conviva tranqulamente con lo cotidiano, como el mal se esconde debajo del aspecto neutro de un burócrata de la muerte. Como Eichmann era capaz de llegar a su casa y besar a sus hijos como si no pasara nada en los campos de concentración.

lunes, 27 de junio de 2016

Neoloiberalismo ataca nuevamente a Latinoamérica.


La coyuntura global está marcada por una crisis deflacionaria motorizada por las grandes potencias. La caída de los precios de las commodities descubre el desinfle de la demanda internacional mientras tanto se estanca la ola financiera, muleta estratégica del sistema durante las últimas cuatro décadas. La crisis de la financierización de la economía mundial va ingresando de manera zigzagueante en una zona de depresión, las principales economías capitalistas tradicionales crecen poco o nada y China se desacelera rápidamente. No presenciamos la “recomposición” política-económica-militar del sistema como lo fue la reconversión keynesiana (militarizada) de los años 1940 y 1950 sino su degradación general.

El progresismo

Inmersa en este mundo se despliega la coyuntura latinoamericana donde convergen dos hechos notables: la declinación de las experiencias progresistas y la prolongada degradación del neoliberalismo que las precedió y las acompañó desde países que no entraron en esa corriente de la que ahora ese neoliberalismo degradado aparece como el sucesor.

Los progresismos latinoamericanos se instalaron sobre la base de los desgastes y en ciertos casos de las crisis de los regímenes neoliberales y cuando llegaron al gobierno los buenos precios internacionales de las materias primas sumados a políticas de expansión de los mercados internos les permitieron recomponer la gobernabilidad.

El ascenso progresista se apoyó en dos impotencias; la de la derechas que no podían asegurar la gobernabilidad, colapsadas en algunos casos (Bolivia en 2005, Argentina en 2001-2002, Ecuador en 2006, Venezuela en 1998) o sumamente deterioradas en otros (Brasil, Uruguay, Paraguay) y la impotencia de las bases populares que derrocaron gobiernos, desgastaron regímenes pero que incluso en los procesos más radicalizados no pudieron imponer revoluciones, transformaciones que fueran más allá de la reproducción de las estructuras de dominación existentes.

En Brasil el zigzagueo entre un neoliberalismo “social” y un keynesianismo light casi irreconocible fue reduciendo el espacio de poder de un progresismo que desbordaba fanfarronería “realista” (incluida su astuta aceptación de la hegemonía de los grupos económicos dominantes). La dependencia de las exportaciones de commodities y el sometimiento a un sistema financiero local transnacionalizado terminaron por bloquear la expansión económica. Finalmente, la combinación de la caída de los precios internacionales de las materias primas y la exacerbación del pillaje financiero precipitaron una recesión que fue generando una crisis política sobre la que empezaron a cabalgar los promotores de un “golpe blando” ejecutado por la derecha local y monitoreado por los Estados Unidos.

En Argentina el “golpe blando” se produjo protegido por una máscara electoral forjada por una manipulación mediática desmesurada. El progresismo kirchnerista en su última etapa había conseguido evitar la recesión aunque con un crecimiento económico anémico sostenido por un fomento del mercado interno respetuoso del poder económico.

Restauraciones

Por lo general el progresismo califica a sus derrotas o amenazas de derrotas como victorias o peligros de regreso del pasado neoliberal. También suele utilizarse el término “restauración conservadora”, pero ocurre que esos fenómenos son sumamente innovadores, tienen muy poco de “conservadores”. Cuando evaluamos a personajes como Aecio Neves, Mauricio Macri o Henrique Capriles no encontramos a jefes autoritarios de elites oligárquicas estables sino a personajes completamente inescrupulosos, sumamente ignorantes de las tradiciones burguesas de sus países, incluso en ciertos casos con miradas despreciativas hacia las mismas.

Otro aspecto importante de la coyuntura es la irrupción de movilizaciones ultra-reaccionarias de gran dimensión donde las clases medias ocupan un lugar central. Los gobiernos progresistas suponían que la bonanza económica facilitaría la captura política de esos sectores sociales pero ocurrió lo contrario: las capas medias se derechizaban mientras ascendían económicamente, miraban con desprecio a los de abajo y asumían como propios los delirios neofascistas de los de arriba. El fenómeno sincroniza con tendencias neofascistas ascendentes en Occidente, desde Ucrania hasta los Estados Unidos pasando por Alemania, Francia, Hungría. Es una expresión cultural del neoliberalismo decadente, pesimista, de un capitalismo nihilista ingresando en su etapa de reproducción ampliada negativa donde el apartheid aparece como la tabla de salvación.

Pero este neofascismo latinoamericano incluye también la reaparición de viejas raíces racistas y segregacionistas que habían quedado tapadas por las crisis de gobernabilidad de los gobiernos neoliberales, la irrupción de protestas populares y las primaveras progresistas. Sobrevivieron a la tempestad y en varios casos resurgieron incluso antes del comienzo de la declinación del progresismo como en Argentina el egoísmo social de la época de Menem o el gorilismo racista anterior.

Una observación importante es que el fenómeno asume características de tipo “contrarrevolucionario”, apuntando hacia una política de tierra arrasada, de extirpación del enemigo progresista. Es lo que se ve actualmente en Argentina o lo que promete la derecha en Venezuela o Brasil. La blandura del contrincante, sus miedos y vacilaciones excitan la ferocidad reaccionaria. Refiriéndose a la victoria del fascismo en Italia Ignazio Silone la definía como una contrarrevolución que había operado de manera preventiva contra una amenaza revolucionaria inexistente. Esa no existencia real de amenaza o de proceso revolucionario en marcha, de avalancha popular contra estructuras decisivas del sistema desmoronándose o quebradas, envalentona (otorga sensación de impunidad) a las elites y su base social.

Si el progresismo fue la superación fracasada del fracaso neoliberal, este neofascismo subdesarrollado exacerba ambos fracasos inaugurando una era de duración incierta de contracción económica y desintegración social. Basta ver lo ocurrido en Argentina con la llegada de Macri a la presidencia: en unas pocas semanas el país pasó de un crecimiento débil a una recesión que se va agravando rápidamente producto de un gigantesco pillaje. No es difícil imaginar lo que puede ocurrir en Brasil o en Venezuela que ya están en recesión si la derecha conquista el poder político.

La caída de los precios de las commodities y su creciente volatilidad, que la prolongación de la crisis global seguramente agravará, han sido causas importantes del fracaso progresista y aparecen como bloqueos irreversibles de los proyectos de reconversión elitista-exportadora medianamente estables. Las victorias derechistas tienden a instaurar economías funcionando a baja intensidad, con mercados internos contraídos e inestables. Eso significa que la supervivencia de esos sistemas de poder dependerá de factores que los gobiernos pretenderán controlar. En primer término el descontento de la mayor parte de la población aplicando dosis variables de represión, embrutecimiento mediático, corrupción de dirigentes y degradación moral de las clases bajas. Se trata de instrumentos que la propia crisis y la combatividad popular pueden inutilizar. En ese caso el fantasma de la revuelta social puede convertirse en amenaza real.

EE.UU.

Los Estados Unidos desarrollan una estrategia de reconquista de América Latina aplicándola de manera sistemática y flexible. El golpe blando en Honduras fue el puntapié inicial al que le siguió el golpe en Paraguay y un conjunto de acciones desestabilizadoras, algunas muy agresivas, de variado éxito que fueron avanzando al ritmo de las urgencias imperiales y del desgaste de los gobiernos progresistas. En varios casos las agresiones más o menos abiertas o intensas se combinaron con buenos modales que intentaban vencer sin violencias militar o económica o sumando dosis menores de las mismas con operaciones domesticadoras. Donde no funcionaba eficazmente la agresión empezó a ser practicado el ablande moral, se implementaron paquetes persuasivos de configuración variable combinando penetración, cooptación, presión, premios y otras formas retorcidas de ataque psicológico-político.

El resultado de ese despliegue complejo es una situación paradojal: mientras los Estados Unidos retroceden a nivel global en términos económicos y geopolíticos, van reconquistando paso a paso su patio trasero latinoamericano. La caída de Argentina ha sido para Estados Unidos una victoria de gran importancia trabajada durante mucho tiempo a lo que es necesario agregar tres maniobras decisivas de su juego regional: el sometimiento de Brasil, el fin del gobierno chavista en Venezuela y la rendición negociada de la insurgencia colombiana.

Perspectivas populares

Más allá de la curiosa paradoja de un Estados Unidos decadente reconquistando su retaguardia territorial, desde el punto de vista de la coyuntura global, de la decadencia sistémica del capitalismo, la generalización de gobiernos pro-norteamericanos en América Latina puede ser interpretada superficialmente como una gran victoria geopolítica de los Estados Unidos. Pero si profundizamos el análisis e introducimos por ejemplo el tema del agravamiento de la crisis impulsada por esos gobiernos tenderíamos a interpretar al fenómeno como expresión específica regional de la decadencia del sistema global.

El alejamiento del estorbo progresista puede llegar a generar problemas mayores a la dominación estadounidense, si bien las inclusiones sociales y los cambios económicos realizados por el progresismo fueron insuficientes, embrollados, estuvieron impregnados de limitaciones burguesas y si su autonomía en materia de política internacional tuvo una audacia restringida; lo cierto es que su recorrido ha dejado huellas, experiencias sociales, dignificaciones (suprimidas por la derecha) que serán muy difícil extirpar y que en consecuencia pueden llegar a convertirse en aportes significativos a futuros (y no tan lejanos) desbordes populares radicalizados.

La ilusión progresista de humanización del sistema, de realización de reformas “sensatas” dentro de los marcos institucionales existentes, puede pasar de la decepción inicial a una reflexión social profunda, crítica de la institucionalidad conservadora, de la opresión mediática y de los grupos de negocios parasitarios. En ese caso la molestia progresista podría convertirse tarde o temprano en huracán revolucionario no porque el progresismo como tal evolucione hacia la radicalidad anti-sistema sino porque emergería una cultura popular superadora, desarrollada en la pelea contra regímenes condenados a degradarse cada vez más.

Jorge Benstein, Economista. Docente de la Universidad de Buenos Aires.

sábado, 25 de junio de 2016

“En Estados Unidos ya piensan cómo se van a llevar el agua de esta región”


Entrevista a Atilio Boron. El investigador analiza las políticas norteamericanas hacia la región. Afirma que el asesinato de Kennedy tuvo que ver con su acercamiento hacia Cuba: “En EE.UU los presidentes son figuras marginales. No son los que deciden”.

Atilio Boron es politólogo, sociólogo (recibido en Harvard), analista internacional, investigador del Conicet. Ha escrito gran cantidad de libros y artículos. Y ha sido fuente de consulta de varios presidentes, entre ellos Hugo Chávez y Fidel Castro. En esta charla –que formará parte de un libro sobre pensadores de Nuestra América*–, Boron analiza política de Estados Unidos hacia la región y asegura que “siempre que América Latina avanzó un pequeño paso por el sendero de la unidad, la respuesta norteamericana fue buscar la forma de desarticular ese proceso”, que allí los presidentes “no son los que deciden. A ellos les dicen lo que hay que hacer y listo. Algunos los desobedecen. Kennedy desobedeció y lo mataron”.

-¿Existe una constante en la política norteamericana hacia América Latina?

-Por supuesto. Y ha sido claramente establecida desde 1823 con la Doctrina Monroe cuando Estados Unidos dijo: “América para los americanos”. En realidad estaba diciendo: “América para los norteamericanos”. Esa postura la ratificaron en 1826 en el Congreso Anfictiónico, cuando los norteamericanos se opusieron abiertamente y sabotearon ese primer intento de integración latinoamericana. Estados Unidos no tuvo ninguna duda que había que impedir la unificación de “las naciones tributarias”. Lo han hecho a lo largo de dos siglos. Siempre que América Latina avanzó un pequeño paso por el sendero de la unidad, la respuesta norteamericana fue buscar la forma de desarticular ese proceso. Lo hicieron con el intento de la Unión Panamericana en 1889 – 1890. Pero en aquel momento Argentina se opuso a esos intentos. Los gobiernos argentinos de esa época eran conservadores, pero también eran anti-yankees. Sáenz Peña, en representación del gobierno argentino, fue el que más se opuso. El otro era Manuel Quintana y los dos fueron después presidentes. Eran miembros de la oligarquía, pero de una oligarquía de otro calibre a la que tenemos hoy. Después Estados Unidos se opuso a la creación de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Ellos sabían muy bien que en la medida que hubiera una entidad que estudiase la problemática común de América Latina, iba a haber un ímpetu muy grande hacia los esfuerzos de la integración latinoamericana. No pudieron frenarla pero la oposición fue evidente.

En los ´60, cuando surge la Revolución cubana, ellos crean el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y lanzan la Alianza para el Progreso. Después intentaron avanzar con el ALCA, cuando eso fracasó metieron los tratados bilaterales. Ahora que ven que la UNASUR y el MERCOSUR toman preponderancia, avanzan con la Alianza del Pacífico. Una política constante y coherente. No se le puede negar a Estados Unidos coherencia en este punto.

“DESAFIAR LAS GRANDES ORIENTACIONES DEL COMPLEJO MILITAR-INDUSTRIAL EN ESTADOS UNIDOS NO ES GRATIS. EL ASESINATO DE KENNEDY TIENE MUCHO QUE VER CON LA POLÍTICA QUE EL SIGUIÓ HACIA CUBA Y HACIA LA UNIÓN SOVIÉTICA. LA POLÍTICA DE OBAMA TAMBIÉN SE APARTA DE ESA LÍNEA”.

-¿En ese sentido no ha habido muchos matices entre republicanos y demócratas?

-No, para nada. Se podría creer que en algunos hay mejores intenciones, pero lo cierto es que Roosevelt sostuvo con fuerza la dictadura de Anastacio Somoza. También Bill Clinton tuvo una conducta lamentable respecto de América Latina y lo de Barack Obama todavía hay que ver como avanzan. Habrá que ver si sostiene la decisión del 17 de diciembre de restablecer los vínculos con Cuba. Una decisión difícil de sostener porque tiene todo el Congreso en contra. Pero algo bueno va a salir de ahí. Para Cuba haber recuperado a los héroes que quedaban presos es una gran victoria.

-¿Esas medidas de Obama son una respuesta a la derrota que sufrió en las elecciones legislativas de mitad del año pasado?

-Creo que claramente hay una conexión, porque, si bien la derrota que sufrió no fue tan espectacular como se dijo, si fue una derrota fuerte. Esto también tiene que ver con que ya no le queda nada por hacer. Al haber perdido el control del Congreso es difícil que le aprueben leyes, seguramente va a tener que apelar al mecanismo del veto. Obama es un hombre inteligente, a diferencia de Bush que no lo era para nada, por eso se dio cuenta que era un gran error seguir con una política fracasada hacia Cuba y entonces se apartó de esa línea. Pero hay que tener cuidado porque quién también quiso apartarse fue Kennedy, y lo mataron. Desafiar las grandes orientaciones del complejo militar- industrial en Estados Unidos no es gratis. El asesinato de Kennedy tiene mucho que ver con la política que el siguió hacia Cuba y hacia la Unión Soviética. Política que no era la que el establishment quería. La política de Obama también se aparta de esa línea. Vamos ver qué resultados trae.

“AMÉRICA LATINA LES IMPORTA POR EL AGUA, EL PETRÓLEO, LOS MINERALES ESTRATÉGICOS, LA BIODIVERSIDAD. PERO ELLOS TIENEN UN STAFF DE DIPLOMÁTICOS MUY BUENOS, MUY ESTUDIOSOS. POR ESO LOGRARON CONVENCERNOS DE NUESTRA IRRELEVANCIA”.

-Hay quienes señalan que América Latina no es una prioridad para Estados Unidos ¿Qué opina usted de esa afirmación?

-Esa es una de las grandes mentiras que circulan. Muy por el contrario, América Latina es la región que más les importa. La doctrina para América Latina (la Doctrina Monroe) es de 1823, la doctrina que hacen para Europa es de 1918, casi un siglo después. Cuando llega la reorganización global del Ejército norteamericano el primer comando que arman es el Sur, después piensa en el Europeo y el de Asia, pero primero el de América Latina. Cuando firman los famosos tratados para la contención del comunismo, el primero que firman es el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) en 1947, recién en 1949 crean la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). ¿Por qué? Porque lo primero que le interesaba a ellos era asegurar esta parte del mundo. Esto tiene que ver con las concepciones geopolíticas que en ellos han predominado y que plantean la tesis que Estados Unidos tiene una posibilidad de defensa en la medida que controle lo que ellos llaman “la gran isla americana”, que según esta concepción va desde Alaska a Tierra del Fuego. Desde esa mirada se cree que si esa “isla americana” cae en la parte sur en manos enemigas, tarde o temprano la seguridad norteamericana va a estar en riesgo.

El otro tema que es fundamental es el de las exuberantes riquezas que de recursos naturales que hay en la región, empezando por el agua y no el petróleo. El petróleo va a desaparecer y la humanidad va seguir su curso. Pero si no hay agua se acaba la especie humana. Y acá está casi la mitad del agua dulce del plante Tierra. Las estimaciones van del 42% al 45% según como se midan los acuíferos subterráneos. Con el 7% de población mundial se tiene casi el 50% del agua dulce del mundo y ellos tienen un problema grave de desertificación. En Estados Unidos ya piensan cómo se van a llevar el agua de esta región y ya hay propuestas. Sobre todo porque piensan primero llevarse el agua de la zona de Mesoamerica y el sur de México.

América Latina les importa por el agua, el petróleo, los minerales estratégicos, la biodiversidad. Pero ellos tienen un staff de diplomáticos muy buenos, muy estudiosos. Por eso lograron convencernos de nuestra irrelevancia. Esa ha sido la gran capacidad del establishment diplomático que tienen. Por el contrario, los presidentes son figuras marginales. No son los que deciden. A ellos les dicen lo que hay que hacer y listo. Algunos los desobedecen. Kennedy desobedeció y lo mataron. El resto, tomó nota.

*El libro sobre pensadores de Nuestra América es un proyecto en elaboración del autor de esta nota, e incorporará una decena de entrevistados argentinos y extranjeros.

FUENTE: DIARIO CONTEXTO.

viernes, 17 de junio de 2016

Otro ministro de Michel Temer renunció a su cargo por denuncias de corrupción.


Luego del golpe blando a Dilma Rousseff, la gobernabilidad se ve afectada por los sobornos y las denuncias. Ahora dejó su cargo Henrique Alves, ministro de Turismo, el tercero de los ministros del gabinete perdido por la gestión golpísta de Temer en sólo un mes: ya habían dimitido el ministro de Planificación y el de Transparencia.

Henrique Alves, renunció a su cargo como ministro de Turismo, luego de haber sido mencionado en la delación del ex presidente de Transpetro, Sergio Machado que también mencionó a Michel Temer.

“Alguien que hubiera cometido ese delito irresponsable que el ciudadano Machado apuntó no tendría ni condiciones de presidir el país”, exclamó Temer en un discurso televisado y rechazando abiertamente la denuncia de Machado.

Alves es el tercer miembro del Gobierno interino que deja su cargo por estar citado en denuncias de corrupción con dinero público. Ya dimitieron Romero Jucá (Planificación) y Fabiano Silveira (Transparencia).

El Fiscal General de la República, Rodrigo Janot, denunció a comienzos de junio ante el Supremo Tribunal Federal, STF, que Henrique Alves había intermediado y obtenido beneficios de una operación entre la estatal Petrobras y la constructora OAS.

lunes, 13 de junio de 2016

Macri recibe en Argentina al opositor venezolano Capriles.


El presidente argentino Macri recibió en la Casa Rosada (13.06.2016) al líder de la oposición venezolana, Henrique Capriles, quien le pidió apoyo de la Argentina en los foros internacionales para que finalmente se concrete este año el referéndum revocatorio contra el mandatario Nicolás Maduro.

"Pedimos a los hermanos latinoamericanos que se planten firme en las instancias internacionales para que se cumpla la Constitución. La oposición venezolana está unida y estamos todos buscando una solución pacífica. Queremos el revocatorio y que se haga este año, no hay razón técnica o legal para que no se haga este año", dijo Capriles a la prensa.

De esta forma, el excandidato presidencial y actual gobernador del departamento venezolano de Miranda se refirió a la iniciativa de la oposición para realizar en el curso de este año un referéndum para definir si Maduro continúa al frente del Ejecutivo (su mandato dura hasta 2019) o es desplazado, votación que el Presidente de ese país busca postergar para 2017.

"Lo que pase en Venezuela afecta aquí. Si Venezuela explota, va a tener importancia aquí en la Argentina y en todo Latinoamérica", recalcó Capriles, quien evitó revelar a los periodistas cuál fue la respuesta de Macri a su pedido de apoyo.

Sobre la propuesta de aplicar la Carta Democrática de la OEA a esa Nación por las denuncias de violaciones constitucionales, el dirigente advirtió que "no es un proceso de hoy para mañana, es un proceso lento y que genera, en todo caso, una sanción moral".

El encuentro con Macri se realizó en el marco de una gira que Capriles realiza por Paraguay, Argentina y Brasil, y participaron también el jefe de Gabinete, Marcos Peña; el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Emilio Monzó, y el secretario de Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo.

Se desarrolló luego de las críticas de líderes de la oposición venezolana a la posición argentina en la OEA de promover un diálogo entre las partes enfrentadas en ese país, en detrimento de la propuesta de aplicar la Carta Democrática.

De todos modos, en una resolución posterior el Consejo Permanente de la Organización de la OEA resolvió convocar a una sesión extraordinaria el próximo 23 para debatir la solicitud del secretario general, Luis Almagro, de aplicar la Carta Democrática Interamericana a Venezuela.

Capriles ingresó minutos antes de las 16.00 a la Casa Rosada y mantuvo una reunión de alrededor de media hora con Macri y sus colaboradores.

Al retirarse de la sede gubernamental, el excandidato presidencial venezolano mantuvo una breve charla con periodistas en la zona de la explanada, adonde también se acercó un pequeño grupo de militantes kirchneristas que, del otro lado de las rejas, manifestó su apoyo a Maduro y le gritó a Capriles "golpista" y "asesino".

En las elecciones presidenciales venezolanas de 2013, que se realizaron poco después de la muerte del entonces presidente Hugo Chávez, Capriles alcanzó el 49,1 % de los votos pero fue derrotado por Maduro, quien cosechó el 50,6% de los sufragios.

EN LÍNEA CONTRA MADURO

domingo, 12 de junio de 2016

Las derrotas de la izquierda en Sudamérica.


Del mismo título del artículo ya puede desprenderse la orientación del autor. Se trata de León Valencia (para La Semana de Colombia), quién esboza un paralelo entre las explicaciones de izquierda y derecha en la coyuntura neoliberal actual de Latinoamérica. Según el colombiano. aparte de los fracasos económicos y de los agujeros negros en la transparencia está el cansancio ciudadano con la prolongación de los mandatos.

Está feliz la derecha en la región. La izquierda está perdiendo las elecciones o la están desalojando del poder. En Brasil y en Venezuela se están viviendo situaciones más dramáticas. En Argentina también se libró una angustiosa batalla política. En Perú la izquierda no alcanzó a pasar a segunda vuelta y este domingo se tiene que contentar con apoyar a un connotado exponente de la derecha para intentar atajar a la hija de Fujimori. En Ecuador y Bolivia el panorama para las próximas elecciones no es alentador.

Los dirigentes de las fuerzas derrotadas o acosadas tienen una explicación: se trata de una conspiración de la derecha con alguna ayuda de fuerzas externas. Los rivales tienen otra explicación: es la ineficacia, la mala gestión, la incapacidad para gobernar estos países que están en camino al desarrollo.

Es cierto que en algunos de ellos la derecha está urdiendo las más oscuras intrigas para hacerse al poder. En Brasil es evidente. El juicio que se le adelanta a Dilma Rousseff es una mascarada en la que se ha tejido una alianza entre las fuerzas más corruptas con el propósito de separar a la mandataria del gobierno. Es cierto también, como afirma la derecha, que en algunos casos hay una desastrosa administración de los recursos.

Pero las dos explicaciones son insuficientes. Me atrevo a decir que en el fondo de la crisis que vive la izquierda hay tres causas: ninguno de los partidos o movimientos de esta corriente política ha podido forjar un proyecto económico viable; ninguno ha podido conjurar los brotes innegables de corrupción; y a todos los está afectando la fatiga de la ciudadanía con la prolongación indefinida de los mandatos.

El Partido de los Trabajadores y Luiz Inácio Lula da Silva lograron crear la ilusión de un modelo económico que al tiempo que distribuía riqueza producía un desarrollo inmenso. En sus dos mandatos Lula sacó a 30 millones de brasileños de la pobreza y produjo una gran transformación económica. Pero llegó la crisis y esa ilusión se desvaneció. El combate a la inequidad y a la pobreza no tenía una base estable, tampoco el crecimiento económico.

La izquierda no ha encontrado el camino para convertir la riqueza natural de los países de la región en riqueza productiva. Es ese el gran reto. La orientación de la izquierda, con variaciones de un lugar a otro, con matices, ha sido extraer rentas de la tierra y distribuirlas vía programas asistencialistas. Esto no es, desde luego, censurable. Hay allí un ánimo justiciero que no se puede abandonar. Pero ha quedado demostrado que esto no produce nuevas economías. Venezuela es la muestra más palpable.

Al tiempo la corrupción ha golpeado duramente en las puertas de la izquierda. Después de haber fustigado durante décadas a la derecha en el poder por el abuso en la utilización de los recursos, esta corriente política ha tenido que admitir que también ella, una vez asentada en el gobierno local o nacional, puede caer en graves escándalos de corrupción. Ninguno de los gobiernos se escapa de algún brote. El menor podría ser el que afectó a la familia de Michelle Bachelet, pero dada la aureola que ha rodeado a esta gran líder chilena, las denuncias tuvieron un grave efecto en su mandato.

Aparte de los fracasos económicos y de los agujeros negros en la transparencia está el cansancio ciudadano con la prolongación de los mandatos. Hay una ley de la democracia contra la cual es inútil luchar: el ir y venir del péndulo político. La izquierda latinoamericana no se ha dado cuenta de eso.

En los países de competencia política abierta, con reglas institucionales estables, con equilibrio de poderes, es imposible que una corriente permanezca por tiempo indefinido en el poder. Incluso si los gobiernos tienen muchas bondades la ciudadanía se fatiga viendo a los mismos. Aguanta dos, con dificultad tres mandatos. Pero el cuarto suele convertirse en una pesadilla. La situación se agrava cuando, además, hay que cambiar las reglas de juego para acceder a esta continuidad en el poder. El caso boliviano es muy ilustrativo. Un presidente tan popular como Evo Morales acaba de perder un referendo para prolongar su mandato.

En conversaciones con mis amigos de izquierda me he dado cuenta de que muchos toman las derrotas de la izquierda como una verdadera tragedia, como si fuera una pérdida definitiva. También la derecha alienta la idea de que nunca más volverán gobiernos de este signo.

Pero pasar a la oposición no es, en una verdadera democracia, una tragedia; es, si se quiere, un hecho inherente del juego político. Es más, puede ser una bendición. Para algunos casos en América Latina creo que lo es. A algunos partidos y líderes políticos les convendría un tiempo de reflexión sobre nuevas alternativas económicas; un tiempo de depuración de sus filas para prevenir la corrupción; un tiempo en la calle y en la crítica, para aspirar, de nuevo, a conducir a estos países tan complejos en su adolescencia democrática.
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